
ReflexionesFamilias
El latido que nunca se fue
El amor que sembramos en Cristo no se pierde. El cielo lo guarda.
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Hay ausencias que duelen. Una silla vacía. Una voz que ya no se oye. El evangelio no nos pide fingir que no duele; nos promete que el amor en Cristo es más fuerte que la muerte.
Jesús lloró en la tumba de Lázaro. Luego habló. El Reino sostiene las dos cosas: la lágrima honesta y la esperanza viva.
Si extrañas a alguien, puedes hablar con el Padre. Él entiende. Y guarda cada latido de amor.
«Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.»
Mateo 5:4
