ReflexionesJóvenes

Cuando el miedo se hace pequeño

La presencia de Dios no niega la tormenta: la pone en su lugar.

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El miedo habla fuerte. Promete lo peor y pide el control. La fe no consiste en no sentir miedo, sino en no dejarlo sentarse en el trono.

David corrió hacia Goliat. Los discípulos despertaron a Jesús en la barca. En ambos casos, el tamaño del problema no cambió primero: cambió quién estaba en el centro.

Si hoy el miedo grita, nombra a Jesús en voz alta. El temor se encoge cuando el Señor se acerca.

«En Dios he confiado; no temeré.»

Salmo 56:4